¡Qué difícil resulta defender la dignidad personal y la de un pueblo entero! Agustín Jiménez Crespo, alcalde de Noblejas, lo ha intentado iniciando una huelga de hambre que, por su edad, implicaba un recorrido de riesgos. Él lo sabía, lo sabían los familiares y amigos, lo sabían los contrarios. Estos últimos estarán comentando, para justificar sus ineficiencias, un imaginado fracaso del alcalde. ¡Qué difícil resulta mantener la dignidad de uno mismo y de un pueblo en una sociedad en la que se impone el ruido, la desinformación, maniobras para dividir, la ignorancia!
El alcalde de Noblejas sabía que las posibilidades de negociación con el poder bajo presión son imposibles. El poder, ningún poder, lo puede aceptar. En cambio el poder dialoga antes y después. Cualquier cosa es preferible al silencio, la manipulación de los datos o el error empecinado. Habla, escucha, formula propuestas, de lo contrario lo que queda es la prepotencia, la soberbia. La huelga no era un pulso entre la vida o la muerte, sino una llamada de atención hacia los comportamientos cuestionables del poder regional.






